
Durante la preparación y celebración del
Año Internacional de la Juventud, en la primera
mitad de los años ochenta, apenas existían
tres países con instituciones gubernamentales especializadas
en promoción juvenil en América Latina: el
Movimiento Nacional de Juventudes (MNJ) de Costa Rica,
el Consejo Nacional de Recursos para la Atención
de la Juventud (CREA) y el Ministerio de la Juventud de
Venezuela. Desde entonces, se han creado instituciones
de este tipo en todos los países de región,
lo cual es un indicador evidente de los avances concretados
en este sentido.
Pero, ¿de qué tipo de instituciones estamos
hablando?; ¿qué tipo de roles y funciones
están desempeñando?; ¿cuáles
han sido sus impactos efectivos en la dinámica de
las políticas públicas de juventud y en el
mejoramiento de las condiciones de vida de las y los jóvenes?; ¿con
qué recursos –humanos, infraestructurales, financieros-
han contado?; ¿qué tipo de orientaciones
han impulsado?; ¿qué evaluaciones se han
hecho de su funcionamiento efectivo?; ¿cómo
podría potenciarse su incidencia efectiva en el
futuro próximo?.
El análisis comparado que realizamos en las páginas
que siguen, demuestra que se trata de instituciones muy
diversas entre sí; mientras algunas son Institutos
Nacionales que gozan de cierta autonomía de funcionamiento,
otras son simples Direcciones de algún ministerio,
otras son “Programas Presidenciales” y hasta hay algunas
con rango ministerial (Secretarías de Estado, propiamente
dichas). Pero en general, han contado con escasos recursos
y han tenido una escasa incidencia en la dinámica
de las políticas públicas de juventud.
En general, en las leyes y decretos que las han creado,
se han asignado –con gran amplitud- toda clase de roles
y funciones a desempeñar, pero se han priorizado
los relacionados con la articulación interinstitucional,
el monitoreo y la evaluación de planes y programas,
al tiempo que se han restringido –con ambigüedades
en algunos casos en particular- los roles ligados a la
ejecución directa de planes y programas destinados
a la juventud. En la práctica, en cambio, muchas
de estas instituciones han ejecutado diversos programas
directamente, entrando en conflicto –muchas veces- con
otras instancias institucionales.
En la mayor parte de los casos, junto con las instituciones
gubernamentales de alcance nacional o federal (según
sea la organización institucional del Estado en
cada país), existen instancias institucionales estaduales
o departamentales (regionales, provinciales) y municipales
o locales. En paralelo, en varios casos se cuenta con Comisiones
de Juventud en los Poderes Legislativos, y con instancias
especializadas en niñez y adolescencia (por ejemplo)
en los Poderes Judiciales. Si bien incluimos este tipo
de instancias institucionales en algunos casos, este análisis
se concentra en la evaluación de las instituciones
de alcance nacional o federal, adscritas al Poder Ejecutivo.
Para ello agrupamos los países que cuentan con
Ministerios, los que cuentan con Institutos, los que cuentan
con Direcciones y los que cuentan con otros formatos institucionales,
analizando semejanzas y diferencias, y evaluando la relevancia
efectiva de cada uno de dichos formatos. El balance no
es muy alentador. En la mayor parte de los casos, estamos
ante instituciones débiles, carentes de recursos
y de efectivos respaldo políticos, con escasos niveles
de legitimidad institucional, todo lo cual obliga a re-pensar
el sentido y los enfoques de estas instituciones. Los principales
dilemas futuros se ubican –seguramente- en el terreno de
los roles a jugar: ¿rectoría y ejecución
o animación y articulación? Buena parte del éxito
se medirá en función de las opciones que
se asuman en este sentido. |