TRABAJO INFANTIL Y ADOLESCENTE:
AVANCES Y DESAFIOS EN AMERICA LATINA



C
omo contribución a este 12 de junio, Día Internacional de Erradicación del Trabajo Infantil, el Portal de Juventud de América Latina y el Caribe ofrece en esta nueva entrega de la Serie “Temas”, una compilación de los principales documentos referidos a esta compleja temática a nivel mundial, haciendo un énfasis particular en la situación de América Latina.

Se trata –sin duda- de un tema tan grave como complejo, tanto en materia de análisis como en relación a las políticas públicas vinculadas a estas particulares dinámicas. Si bien todos suscriben el principio de que niños y niñas deben estar en la escuela y no trabajando (al menos hasta los 10, 12 o 14 años, según las legislaciones vigentes en los diferentes países del mundo), lo cierto es que los dramáticos cuadros de exclusión y pobreza existentes obligan a las familias a incorporar a sus miembros más jóvenes al mercado de trabajo, aún en condiciones muy precarias, para poder contar con los ingresos que permitan cubrir sus gastos más elementales de subsistencia.

Desde nuestra preocupación por las y los jóvenes, el trabajo infantil tiene una gran relevancia, al menos por dos grandes razones: por un lado, porque la niñez abarca (en las definiciones legales y en las prácticas promocionales, a todas las personas menores de 18 años (con lo cual, se incluyen –en realidad- niños, niñas y adolescentes), y por otro, porque –lógicamente- aún los niños y las niñas serán –muy pronto- adolescentes y jóvenes. Los Convenios Internacionales de la OIT que tienen relación directa con el trabajo infantil, establecen estos límites claramente: el convenio 138 (sobre la edad mínima para la admisión en el empleo) establece la necesidad de erradicar todo tipo de trabajo ejercido por menores de 15 años, al tiempo que el convenio 182 (sobre las peores formas de trabajo infantil) establece que deben erradicarse todos los trabajos considerados peligrosos y ejercidos por menores de 18 años.

El IPEC (Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil) de la OIT (Organización Internacional del Trabajo) ha venido trabajando intensamente en estos dominios, y ha logrado importantes avances, especialmente en América Latina, la región que ha logrado los mayores niveles de disminución efectiva del trabajo infantil en el mundo. Se cuenta, en este sentido, con una identificación precisa de las denominadas “buenas prácticas”, que son las que han permitido la obtención de dichos avances, y sobre ellas, queremos reflexionar especialmente en estas páginas.

Como siempre, esperamos colaborar con el logro de una mayor sensibilización del conjunto de actores –públicos y privados- involucrados en estas complejas dinámicas, y por esta vía con el logro de un mayor compromiso con esta causa. Agradeceremos, como siempre, los comentarios y sugerencias que nuestros eventuales lectores puedan enviarnos, para seguir mejorando estas contribuciones.


Año 3, Nº19 Junio 2007