P - ¿Cuánto han incidido las Leyes de Juventud en el desarrollo de las políticas públicas de juventud en América Latina en los últimos veinte años?
R – Creo que en muy escasa medida. La evidencia más contundente al respecto es la que nos dice que hay países sin leyes de juventud que han avanzado mucho, y en paralelo hay países con leyes de juventud (en teoría muy avanzadas) que no han avanzado casi nada. Incluso entre los países que tienen leyes, los que más han avanzado son los que han trabajado con la lógica de leyes “acotadas” a la creación de instituciones específicas; en cambio, los países que han tratado de tener leyes “totalizantes” (incluyendo todo lo imaginable y hasta lo difícil de imaginar) no han avanzado en la misma medida.
P - ¿Esto quiere decir que las Leyes de Juventud no son importantes?
R – Las leyes son solo la expresión legal de acuerdos sociales previos, y lo que importa realmente son dichos acuerdos sociales. Visto desde este ángulo, habría que preguntarse qué tipo de acuerdos sociales previos reflejan las leyes de juventud. Hasta donde yo logro entender estos procesos (y he estado vinculado a varios de ellos) apenas han reflejado el acuerdo de algunos grupos juveniles (ni siquiera de organizaciones y movimientos juveniles propiamente dichos). Si a ello le sumamos que –en general- no han participado adultos (que son los que –nos guste o no- toman las decisiones en nuestras sociedades) la amplitud de dichos acuerdos sociales previos es muy escasa, y por tanto, la legitimidad efectiva de dichas leyes es muy limitada.
P - ¿Por qué estos procesos han tenido estas características?
R – Creo que la principal explicación tiene que ver con el tipo de estrategia que han seguido los impulsores de estos instrumentos legales, que en la mayor parte de los casos, han supuesto que la simple aprobación de leyes asegura la vigencia y el respeto de derechos, cuando toda la evidencia disponible demuestra lo contrario, esto es, la existencia de un gran abismo entre las leyes y las realidades. Esto, a su vez, ha tenido que ver con el exagerado “juvenilismo” con que se han manejado, sin procesar acuerdos políticos con tomadores de decisiones y desde una perspectiva centrada en la construcción de espacios específicos para la participación juvenil (casas de la juventud, parlamento joven, tarjeta joven, etc.) que –en realidad- han reforzado el aislamiento social de las y los jóvenes.
P – Entonces, ¿Cuáles son las alternativas?
R – Hay que trabajar en el fomento de la integración de las y los jóvenes en espacios más amplios de participación ciudadana (presupuesto participativo, control social de políticas públicas, desarrollo comunitario, etc.) y en lo que atañe a “leyes”, es mejor preocuparse porque las leyes que se aprueban en nuestros congresos (sean del tipo que sean) no perjudiquen y –ojalá- beneficien a las y los jóvenes. Las leyes de reforma de la seguridad social, por ejemplo, han perjudicado notoriamente a las nuevas generaciones, sin que nadie haya dicho nada al respecto. |