--> Juventud y Violencia

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Causas de la violencia

 Detrás de la violencia relacionada con adolescentes y jóvenes, se esconden diversos factores asociados. Desentrañar cuales son los más importantes en términos explicativos no resulta sencillo, sobre todo porque resulta muy difícil aislarlos para medir sus impactos directos, separándolos de otros impactos provocados por otros factores. Pero al mismo tiempo, dicha tarea se torna prioritaria, si lo que se pretende es contar con esquemas interpretativos potentes, que sirvan de base para realizar diagnósticos rigurosos y por esta vía estar en las mejores condiciones al momento de diseñar respuestas alternativas.

 

El Informe Mundial sobre la Violencia y la Salud de la OMS (2003) realiza en este sentido una rigurosa sistematización de enfoques y perspectivas, ofreciendo un modelo de interpretación –desde la lógica de la salud pública- que resulta sumamente útil a los efectos de identificar factores asociados y explicativos acerca de estas dinámicas. “Ningún factor por sí solo explica por qué algunos individuos tienen comportamientos violentos hacia otros o por qué la violencia es más prevalente en algunas comunidades que en otras. La violencia –enfatiza la OMS- es el resultado de la acción recíproca y compleja de factores individuales, relacionales, sociales, culturales y ambientales”.

 

Carlos Guillermo Ramos (FLACSO) por ejemplo, destaca los siguientes factores asociados a la violencia de las pandillas juveniles en El Salvador:

 

El conflicto armado interno de los años ochenta. Aunque causalmente las maras no son un fenómeno social atribuible a la guerra, los influjos del conflicto militar y de la polarización social que el mismo propició, han dejado huella en la subjetividad juvenil y en sus prácticas de violencia grupal.

Los amplios movimientos migratorios internos y externos. Si a nivel macroeconómico las migraciones transformaron las fuentes fundamentales de los recursos de la nación, a nivel social, propiciaron un importante giro en los patrones de convivencia cotidiana, incluidos los nuevos conflictos locales que han tendido a reproducirse generacionalmente.

El carácter propio de la expansión de los núcleos urbanos. En este proceso puede observarse la tendencia a una desmedida concentración poblacional difícil de revertir, y a un crecimiento acelerado y caótico de los asentamientos humanos que componen el área metropolitana de San Salvador, todo lo cual conlleva una alta agresividad familiar y social.

La fuerte tendencia a la privatización de los espacios públicos. No es casual que, en un contexto social donde incluso la calle ha sido despojada de su carácter público, la violencia de las maras se exprese fundamentalmente como un conflicto o lucha por la conquista o defensa de territorio.

La preeminencia de familias debilitadas. El hecho de converger en ellas diversos factores que las hacen frágiles en su estructura y vacíos que estimulan que muchas de las necesidades materiales y afectivas de sus miembros deban ser satisfechas fuera de ellas, las vuelve vulnerables como continente socializador.

El alto índice de violencia intrafamiliar. Esta violencia se interioriza en la subjetividad infantil y juvenil como patrón de conducta cotidiana. Así, los jóvenes se ven sometidos a una socialización hostil (...) y las actitudes de recelo, temor y evasión de la relación familiar terminan predominando en la orientación de las conductas juveniles.

La deportación sistemática de jóvenes pandilleros salvadoreños residentes en Estados Unidos. Este ha sido un factor crucial en el agravamiento del fenómeno de las pandillas, cuya devolución al país incorpora una importante dosis de “remesas” culturales.

La pobreza.  En condiciones de privación socioeconómica, la posibilidad de acentuar actitudes agresivas y de frustración se ve considerablemente incrementada.

El carácter violento y autoritario de la cultura cívica. Este es otro factor que predispone a la socialización violenta de los jóvenes. Este entorno cívico-cultural, reflejado en los todavía limitados niveles de tolerancia política y de confianza y tolerancia interpersonal, constituye un escenario propicio para el desarrollo de patrones de conducta pandilleril.

En su conjunto, entonces, estamos ante cuadros complejos que no admiten simplificaciones explicativas y que requieren ser abordados desde enfoques interpretativos holísticos e integrales, que traten de incorporar el máximo posible de variables al respecto.