En
el marco del Objetivo 8, se incluyó la Meta 16: “en
cooperación con los países en desarrollo, elaborar
y aplicar estrategias que proporcionen a los jóvenes
un trabajo digno y productivo”. El indicador 45,
para medir los avances en estas materias es la tasa de desempleo
de jóvenes entre los 15 y los 24 años, por sexo
y total. Lamentablemente, como no se estableció ninguna
“línea de base” ni ninguna “meta”
concreta, no hay forma de medir –como en la mayor parte
de los demás objetivos-, cuanto se avanza (o no) en
este sentido. El Informe de la ONU que evalúa los avances
logrados en el conjunto de los ODMs, realiza –textualmente-
los siguientes comentarios en estas temáticas:
“Los
jóvenes de la región siguen siendo los más
afectados por el problema del desempleo. En la década
de 1990 la tasa de desempleo abierto de la población
de 15 a 29 años de edad aumentó en promedio
del 12,8 % al 16,1 %; esta tasa representa más del
doble de la correspondiente a la población adulta.
Los más afectados son los jóvenes de hogares
de menores ingresos; efectivamente, en la mayoría de
los países el desempleo juvenil en el quintil más
pobre equivale al triple del desempleo de los jóvenes
del 20 % más rico de la población. El desempleo
también afecta más a las mujeres que a los varones,
pero aquellas se están incorporando al mercado de trabajo
contando con más educación”.
“La mayor desocupación de los jóvenes
refleja, por una parte, la dificultad de inserción
laboral de los que buscan trabajo por primera vez y, por otra,
su breve permanencia en el mismo empleo como consecuencia
de la inestabilidad que caracteriza sus condiciones de empleo.
El aumento de la vulnerabilidad ocupacional de los jóvenes
se refleja en el deterioro de la calidad de los trabajos a
los que acceden. Durante la década pasada y comienzos
de la actual los nuevos empleos para los jóvenes se
crearon en su gran mayoría en el sector informal, lo
que supuso una disminución de la cobertura provisional
de los trabajadores jóvenes, a lo que se une el hecho
de que una proporción muy alta de los nuevos trabajos
eran a tiempo parcial”.
“La escasa generación de empleos de calidad no
afecta solo a los jóvenes. La OIT ha reiterado que
si no hay mejoras en el campo laboral, no será posible
erradicar la pobreza extrema y el hambre y reducir las desigualdades
de ingreso en la región. A pesar de su importancia,
en los Objetivos de Desarrollo del Milenio no se consideran
adecuadamente el problema del empleo, ya que, entre otras
falencias, no se especifican indicadores que cubran la amplia
gama de aspectos que abarca”.
“En los últimos años, la OIT viene impulsando
una estrategia de crecimiento con empleos de calidad y ha
desarrollado el concepto de trabajo decente, destinado a dar
sentido y coherencia al empleo, a los derechos laborales,
a la protección social y a la representación.
De acuerdo a este concepto, la generación de empleos
de calidad supone la existencia de un marco de regulación
de la actividad y las relaciones laborales. Supone, además,
que los trabajadores cuenten con niveles adecuados de protección
ante accidentes y enfermedades y durante la vejez, y también
la posibilidad de representar o sentirse representado y de
participar en procesos de diálogo social, tanto en
el plano nacional como regional, así como en el ámbito
de las empresas”.
“En el enfoque propuesto por la OIT se otorga primordial
importancia a los principales rasgos que debería tener
una estrategia de crecimiento para contribuir a la generación
de trabajo decente con empleos de calidad en los sectores
modernos y para producir una transformación de los
sectores rezagados. Estas políticas se complementan
con programas y políticas activas de empleo y de gasto
social focalizado”.
En resumen, la evaluación oficial del conjunto
del Sistema de Naciones Unidas relacionada con los ODM, en
lo que atañe a esta meta particularmente centrada en
los jóvenes, constata la grave situación en
la que se encuentran y presenta algunas alternativas generales
de la OIT sobre “trabajo decente”, pero no señala
si estamos mejor o peor que hace 15 años, ni arriesga
ninguna propuesta para hacer frente a los desafíos
futuros en estos dominios.
La Declaración Final del “Primer Encuentro
Latinoamericano por el Empleo Juvenil”, organizado por
la Red YES para América Latina en Asunción (setiembre
2005) recomienda que “se fije para el 2010 la meta
de una reducción del 20% de los niveles de desempleo
juvenil en relación al año 2005 y de otro 20%
adicional para 2015, con lo cual se completaría una
meta de 40% de reducción del desempleo juvenil en los
próximos diez años”. Sería
muy importante que estas propuestas fueran asumidas por las
Naciones Unidas y por todos los países del mundo, para
avanzar efectivamente en estos dominios.
 
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