La
meta 7 del objetivo 6 se propone “haber detenido y comenzado
a reducir, para el año 2015, la propagación
del VIH-SIDA”. De los 27 países de América
Latina y el Caribe analizados en el marco del Informe de la
ONU, 11 registran una prevalencia superior al 1 % y 5 una
prevalencia incluso superior al 5 %. Ocho de los once países
considerados de alta prevalencia en la región pertenecen
al Caribe, y se destaca el caso de Haití, único
país de la región que tiene una prevalencia
superior al 5 %. En números absolutos, por su parte,
la mayor cantidad de casos se concentran en los 10 países
más densamente poblados, destacándose el caso
de Brasil.
Los grupos que siguen mostrando mayor vulnerabilidad y exposición,
son los consumidores de drogas, las profesionales del sexo,
y los hombres que tienen sexo con hombres, que se han convertido
en uno de los grupos más importantes en la transmisión
heterosexual. La transmisión por consumo de drogas
por vía intravenosa sigue siendo alta en Brasil, Uruguay
y Argentina, en tanto que el patrón de hombres que
tienen sexo con hombres sigue siendo la principal forma de
transmisión en Centroamérica y el Caribe.
“La mitad de los casos nuevos de infección por
VIH se han producido en personas de 15 a 24 años, lo
que difiere de la tendencia observada en la primera mitad
de la década de 1990, en la que se producía
principalmente en personas de 30 a 39 años; este fenómeno
se ha definido como rejuvenecimiento de la epidemia. Al igual
que en otros grupos en situación de desventaja, los
adolescentes infectados son víctimas de estigma y discriminación,
lo que redunda en una limitación del acceso a los servicios
de educación y salud y fuertes restricciones para el
desarrollo de campañas de prevención de alto
impacto”.
“Debido a la epidemia de VIH-SIDA, las adolescentes
se encuentran actualmente entre los grupos de alta vulnerabilidad
(...) En el Caribe, la mayoría de los nuevos casos
de VIH se dan en mujeres de 15 a 24 años. En Jamaica,
las jóvenes embarazadas tienen una tasa de incidencia
que equivale a casi el doble de la tasa que presentan las
mujeres mayores. El crecimiento de la epidemia entre los jóvenes
puede atribuirse a diversos motivos, entre otros a dificultades
mayores que para el resto de la población en cuanto
al acceso a información y servicios de salud sexual
y reproductiva adecuados y a la falta de oportunidades para
el desarrollo que se expresan en exclusiones en materia de
salud, educación y empleo. Por ello es fundamental
la formulación e implementación de políticas
públicas para jóvenes, que respondan a sus necesidades
y demandas”.
Los estudios disponibles muestran la existencia de un gran
desconocimiento (adecuadamente informado y no solo general)
sobre el VIH-SIDA entre las generaciones jóvenes, y
a pesar de que el uso del condón es considerado la
mejor forma de evitar el contagio, su uso sigue siendo limitado,
incluso en relaciones de riesgo. Adicionalmente, las inequidades
de género son muy evidentes, sobre todo en la cultura
dominante que establece que son los varones los que –finalmente-
deciden cuando, como y con que frecuencia se mantienen relaciones
sexuales, lo cual limita las posibilidades de que las mujeres
pongan en práctica las medidas preventivas correspondientes.
 
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