El
Objetivo 2 se propone “universalizar el acceso a la educación
primaria” para el año 2015. En teoría, la
educación primaria corresponde a la niñez, pero
se puede tener una imagen más precisa y de conjunto al
respecto, analizando que porcentaje de cada grupo de edad ha logrado
(o puede lograrlo en los próximos diez años) completar
este ciclo. El informe de Naciones Unidas analiza este punto y
llega a algunas conclusiones relevantes:
“En
el año 2002 solo un 88,1 % (promedio ponderado) de la población
de 15 a 19 años en los 18 países analizados había
culminado la educación primaria. Al comienzo de la presente
década, cerca de 92 millones de latinoamericanos de 15
y más años de edad (alrededor de un 25 %) no habían
terminado este nivel educativo. Esto representa, sin duda, uno
de los escollos principales para cumplir otros objetivos de desarrollo
del milenio, sobre todo en lo que se refiere a la reducción
de la pobreza extrema”.
Las proyecciones al 2015 del informe, indican que para entonces,
todavía quedará un 6 % de niños y niñas
que no completaría este ciclo, con lo cual, la meta no
se podría alcanzar (de no mediar cambios relevantes en
las dinámicas de las políticas educativas vigentes).
En lo que
tiene que ver con las diferencias de género, el informe
constata que no solo se logró la paridad entre niños
y niñas, sino que “las niñas presentan una
tasa de conclusión de la educación primaria que
supera a la de los niños (…) El mayor logro educativo
de las mujeres se da también en el nivel secundario y,
en varios países, en el terciario. Sin embargo, esto no
se traduce en menores tasas de desocupación, mejor inserción
laboral y retribuciones más altas en los empleos”.
Pero si profundizamos en el análisis, se pueden constatar
diferencias marcadas entre los propios jóvenes, de acuerdo
a criterios de estratificación social, zona de residencia
y pertenencia a grupos étnicos. El informe de la ONU lo
destaca claramente:
“En
el conjunto de los países analizados, por lo menos uno
de cada cuatro jóvenes de la cohorte de 15 a 19 años
pertenecientes al 20 % más pobre de los hogares no logró
terminar la educación primaria. En el caso de los jóvenes
del estrato superior (quintil más alto) la proporción
correspondiente es, en promedio, uno de cada 25. Esta situación
se agudiza en los cuatro países que presentan los mayores
porcentajes de no conclusión de la educación primaria,
a saber, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua, en los
que la proporción de las personas del estrato más
pobre que no concluyen la primaria fluctúa entre un 47
% y un 64 %”.
“Las oportunidades de conclusión del nivel primario
de los jóvenes de 15 a 19 años que residen en zonas
rurales son muy inferiores a las de aquellos de zonas urbanas.
Al respecto, cabe destacar que los países que se presentan
mayor rezago son justamente aquellos que tienen una mayor proporción
de población residente en zonas rurales, más difíciles
de dotar de infraestructura y de los medios necesarios para progresar
hacia la universalización de la educación primaria.
De hecho, en el conjunto de los países analizados, la tasa
de no conclusión de la educación primaria en las
áreas rurales es, en promedio, tres veces más alta
que en las zonas urbanas”.
“Por otra parte, las desigualdades ligadas a la pertenencia
étnica de la población son también muy elevadas
aunque, de acuerdo con los datos analizados, son menores que las
vinculadas al estrato socio-económico y a la zona de residencia.
Sin embargo, el mayor rezago que presentan los jóvenes
de 15 a 19 años pertenecientes a etnias originarias (y
a la población negra en el caso de Brasil) constituye un
importante desafío para las políticas de educación,
tanto por la dimensión cultural del problema como por el
hecho de que estos grupos se concentran en las zonas rurales y
forman parte del estrato más pobre de la población”.
En todo caso, el informe de la ONU insiste –correctamente-
en que el acceso universal a la enseñanza primaria no es
suficiente, proponiendo incorporar metas relativas a la educación
secundaria.
“Esta
meta se sustenta en la evidencia de que la conclusión de
este nivel constituye actualmente un umbral educativo que eleva
significativamente la probabilidad de mantenerse fuera de la pobreza
absoluta en la vida activa, toda vez que se traduce en un incremento
importante de los ingresos laborales. Más aún, una
educación secundaria acorde con los requerimientos productivos
y sociales, de calidad adecuada y extendida a la mayor parte de
un país es crucial para alcanzar mayores niveles de productividad
y eficiencia social, así como más oportunidades
y equidad en materia del acceso al bienestar y del pleno ejercicio
de la ciudadanía”.
“No obstante los avances logrados en los años noventa,
la cobertura de la educación secundaria en la región
sigue siendo muy baja. En el año 2001, el promedio regional
de la tasa neta de matrícula en este nivel era del orden
del 65
%, con muy pronunciadas diferencias entre países. Así,
en Argentina, Chile y Cuba se han alcanzado cifras cercanas o
superiores al 89 %, en tanto que en República Dominicana,
Guatemala y Nicaragua es cercana o inferior al 40 %. Sin embargo,
no solo la cobertura de la educación secundaria es baja
sino que quienes acceden a ella con frecuencia la abandonan antes
de completarla, debido a la necesidad de generar ingresos aunque
sean precarios, desde una edad temprana”.


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