JUVENTUD Y ACCIÓN VOLUNTARIA:
UNA ECUACIÓN CON SENTIDO
Martín Hopenhayn
División de Desarrollo Social
Quisiera partir por una definición personal de acción voluntaria, a saber:
Es una práctica de libre elección individual, pero colectivamente
organizada, que tiene por objeto el apoyo a otros que padecen una
situación o una condición que, a juicio de quien emprende la práctica,
requiere de apoyo solidario.
De acuerdo a esta definición, y los invito por un rato a regirnos por ella,
deduzco al menos seis rasgos, que a su vez me parece resultan muy pertinentes
en relación a otros tantos rasgos que marcan la juventud latinoamericana actual.
Mi intención es, en los párrafos siguientes, ir haciendo estos cruces entre
ambos. 1. Afirmación de la autonomía del sujeto que la asume:
El sujeto de la acción voluntaria se compromete con ella autónomamente,
vale decir, afirma su autonomía al embarcarse en dicha acción. Esto es muy
apetecido por los jóvenes, precisamente porque para ellos actualmente la
autonomía es un proceso conflictivo. Y es conflictivo por las siguientes razones.
Primero, porque la principal fuente de autonomía es el empleo, y hoy los jóvenes
tienen índices de desempleo que duplican o triplican a los promedios nacionales,
y cuadruplican el desempleo adulto. Segundo, porque la otra fuente de
autonomía es la vivienda separada de los padres , y actualmente la vivienda
urbana es más costosa, y requiere de un patrimonio mínimo para acceder a ella.
Por otro lado los jóvenes de hoy son los más "formados" en el valor de la
autonomía, vale decir, quienes más la valoran porque existe toda una "épica" de
la autonomía transmitida por la cultura de la modernidad. Pero las razones
previas muestran que las opciones para los jóvenes de ejercer dicha autonomía
son más estrechas en los campos donde es más básica y material (la vivienda,
la independencia económica, la postergación de la independencia por las
crecientes exigencias formativas).
De allí que los jóvenes valoran las acciones que les permiten afirmarse en
opciones de autonomía que tanto les cuesta tener en los campos vitales de la
supervivencia.
2. Tratándose de una opción compartida entre jóvenes, vale decir,
un tipo de actividad que se realiza colectivamente, la acción voluntaria
supone una pertenencia de los individuos involucrados a un colectivo
caracterizado precisamente por la autonomía en la elección de pertenencia
de sus miembros (no coactivo).
Esto reafirma lo anterior, y lo refuerza. No sólo es valorada la acción
voluntaria porque se elige autónomamente, sino porque dentro de ella se
socializa con otros movidos por ímpetus análogos, y dentro de un contexto
colectivo donde lo principal es el carácter voluntario, no co-activo. A diferencia
de otras instituciones donde los jóvenes encuentran conflictos para su
autonomía (la familia, la escuela y el trabajo principalmente). Finalmente, como
en el campo más formalizado de la política muchos jóvenes manifiestan rechazo
debido a que se sienten cooptados o infantilizados por las dirigencias partidarias,
encuentran en el campo de la acción voluntaria una lógica distinta, no movida
por intereses de cooptación o hegemonía.
3. En la acción voluntaria, los protagonistas pueden prescindir de la
lógica utilitarista, sea ésta de ganancia económica o de poder político. No
se elige el útil sino el bien, en una comunidad de pares unidos por esta
misma prescindibilidad.
Esto motiva a los jóvenes por varias razones. En primer lugar,
encuentran allí la posibilidad de no pensarse a sí mismos como capital humano,
vale decir, como sujetos de disciplinamiento que deben regirse siempre por la
perspectiva de adquirir destrezas que sean rentabilizadas en el futuro. Están ya
bastante cansados por mensajes que reciben de la familia, la escuela, los
medios de comunicación y otras fuentes de autoridad, que les dicen que deben
orientar sus esfuerzos a lo que les sea útil para ganarse la vida y competir frente
a otros. En la acción voluntaria encuentran un respiro a este disciplinamiento: allí
no los mueve el interés rentable, sino la vocación solidaria. Por otro lado, y
como se señaló en el punto anterior, encuentran aquí un campo en que no se
juega el poder político, o al menos no se juega con el peso que suele ocupar en
la actividad político partidaria. También pueden, por lo mismo, tomar distancia
de la lógica de poder en que muchos suelen sentirse manipulados. Sobre todo
los jóvenes.
4. La acción voluntaria, por no estar motivada por intereses
económicos o de poder, permite armonizar el móvil ético con la acción
colectiva, el esfuerzo personal con un cierto imaginario utópico solidario,
sin por eso tener que suscribirse a doctrinas o autoridades doctrinarias.
Recordemos que los jóvenes apuestan a la política sobre todo desde una
pulsión utópica y una inquietud ética. La política los invita cuando ven en ella la
posibilidad de plasmar su propia práctica personal con un proyecto colectivo en
que visualizan la transformación social desde la perspectiva de la ética (del bien
colectivo) y de la utopía (de mayor felicidad o bienestar para todos a futuro). El
problema es que actualmente la política, en sus campos tradicionales, tiende
mucho más a una racionalidad administrativa y pragmática, con muchas
restricciones para imaginar y emprender nuevos proyectos colectivos. Hace ya
más de una década que se divorció la utopía del discurso político. Coincide,
sintomáticamente, con la desafección de los jóvenes respecto del sistema
político (o de buena parte de los jóvenes). Por lo mismo, la acción voluntaria
constituye un receptáculo propicio para recoger estas inquietudes truncadas,
este deseo de los jóvenes de comprometerse en proyectos colectivos donde
claramente pueden visualizar el sentido ético y utópico (en el buen sentido).
5. La acción voluntaria permite una mayor vinculación clara, y sobre
todo inmediata y directa, entre la inversión (afectiva) y la retribución
(simbólica).
Esto es muy importante porque la juventud constituye, al menos en la
modernidad, la fase etaria en que se padece la máxima tensión entre invertir en
el goce presente o en la preparación para el futuro, o la tensión entre la
gratificación presente y la gratificación diferida, entre el goce del presente y la
postergación del placer en función del equipamiento para el futuro. De una parte la
voluntad de experimentación y de gozar el momento, de jugar por un tiempo al
ensayo y error y de vivir la inmediatez de la experiencia, como parte esencial de la
fase etaria. De otra parte el disciplinamiento escolar y productivo que entrena a
sacrificar el placer en aras del rendimiento futuro (la voz del maestro y el padre que
repica al oído advirtiendo de los costos de no prepararse lo suficiente). Esta
tensión de los jóvenes también la vive hoy el resto de la sociedad a su manera: por
una parte la publicidad y el crédito de consumo que alientan a consumir hoy y
pagar después (invirtiendo la clásica secuencia de ahorro-disfrute), pero por otro
lado la competitividad cada vez más cruda en la economía y el trabajo que impone
más contención, más capacitación, más disciplina.
A esto se agregan otras tensiones que hacen que los jóvenes tengan que
diferir o postergar la gratificación: más capacitados que sus padres porque tienen
más años de educación, pero menos oportunidades en el mercado del trabajo; y
mayor conexión con la publicidad que incrementa las expectativas de consumo,
pero sin fuentes de ingresos que permitan satisfacer expectativas. Por todo lo
anterior, los jóvenes valoran una actividad donde es más directa y presente la
relación entre un esfuerzo personal que involucra una cuota de deseo,
convicción y afectividad, y su impacto en otros que se lo agradecen y reconocen
dicho esfuerzo. Esta mayor inmediatez entre la inversión y la recompensa les da
a los jóvenes lo que otros ámbitos de la vida actual les niega.
6. La acción voluntaria le permite al joven involucrado colocarse
como protagonista y no como marginado, como proveedor y no
como dependiente, como héroe y no como víctima, como
meritorio y no como objeto de sospecha por parte de los adultos.
De esta manera puede revertir, en la acción voluntaria, todos los estigmas
que pesan sobre sus espaldas. Porque en la actual sociedad el joven, sobre
todo si es varón y de pocos ingresos, es visto por el resto de la sociedad como
sospechoso, como un lastre, como un inútil, un débil, un incapaz, una víctima.
Todos estos pr prejuicios construidos socialmente en su contra operan también
como profecías autocumplidas en la conciencia de los jóvenes que acaban
introyectando dicho discurso. Por lo mismo, la acción voluntaria invita: es un
espacio para revertir los estigmas. Al respecto, y para terminar, quiero recordar
la frase de un abogado que fue víctima reciente de las inundaciones en Santa
Fe, Argentina, en relación a los jóvenes:
"Yo criticaba a los bulliciosos estudiantes, hasta que de a cientos me
tendieron sus manos solidarias".
Por todo lo anterior me parece que hay un campo muy propicio en la
acción voluntaria para revertir esta serie de dislocaciones y frustraciones de la
juventud latinoamericana, y para recuperar el sentido (y no sólo la función) de
una acción colectiva con fundamento ético e impacto concreto al mismo tiempo.
Lo importante creo, es establecer este vínculo con los jóvenes hablándoles
desde sus propias pulsiones y frustraciones, viendo con ellos como estos rasgos
de la acción voluntaria pueden potenciarse y, al mismo tiempo, potenciar a los
jóvenes.
Muchas gracias.
Documento incluido dentro de la Biblioteca Digital de la Iniciativa
Interamericana de Capital Social, Etica y Desarrollo - www.iadb.org/etica |