EL DIA DESPUES:
LA EQUIDAD Y CALIDAD EDUCATIVA
Oscar Dávila León,
Centro de Estudios Sociales cidpa,
Valparaíso - Chile
Ibas a cambiar el mundo, y no cambiaste nada/
hay que remar igual en subida que en la bajada/
lo mismo es errarle a la salida que a la llegada/
cuando todo estaba oscuro/
ay como brillaba tu alma/
hoy se apagaron tus luces, ya no te brilla nada.
Cómo brillaba tu alma, No te va a gustar
Después de las tempestades... siempre (aunque demore) viene la calma (aunque sea aparente).Así pareciera que comienza a dibujarse el espacio social y político luego de cerca de un mes de arduas movilizaciones y jornadas de protesta estudiantil secundaria en Chile. Los liceos vuelven a la normalidad (no sabemos aún de qué tipo) y sus estudiantes a clases, dando por concluidas las tomas y paros de los establecimientos. Se ha pasado a otra etapa u otro momento en esta luchas estudiantiles, signadas en buena medida por un cauce institucional y con cambio y posta en quien dirige las acciones: ya no serán —por lo pronto— los estudiantes movilizados, sino que los actores institucionales y corporativos, desde distintos espacios y estrategias para tal efecto.
A través de esta revista intentaremos pasar revista al movimiento desde distintos puntos de vista y enfoques, varios de ellos escritos al fragor de las mismas movilizaciones de las semanas pasadas, y otros, con una óptica de mediano y largo plazo en cuanto a los objetivos y propósitos enarbolados por los mismos estudiantes y otros actores involucrados en estos debates.
Dentro de quienes se han ocupado de estudiar «lo juvenil» en Chile durante las últimas décadas, se generó una suerte de imagen discursiva que intentara caracterizar a estas juventudes actuales, a los hijos e hijas de la transición política chilena, los nacidos alrededor del año 1990, con la reinauguración de la democracia y el término de la dictadura militar. Se decía que estábamos en presencia de la primera generación contemporánea de jóvenes que no tenía ninguna «misión histórica que cumplir», que no traía consigo «ninguna mochila pesada que cargar». Todo esto expresado desde la clásica visión sociopolítica con que nos hemos acostumbrado a leer los procesos sociales.
Por la fuerza de los hechos presenciados, se han venido abajo estrepitosamente estas visiones, pues no cabe duda que podemos ubicar a los estudiantes secundarios, sus movilizaciones y demandas, como constituyente del primer movimiento social desde la transición política chilena hasta ahora. Y lo logrado hasta el momento, adquiere una connotación que sobrepasa con creces una mera demanda o reivindicación sectorial en el campo de la educación, abarca y tiene movilizado (discursivamente) al conjunto de la sociedad y sus actores.
Los actores y sus razones, demandas y reivindicaciones —específicas y generales— que orientan este movimiento las exploraremos en las páginas siguientes; pero una de las relevancias mayores del movimiento pueden buscarse desde lógicas más de tipo socioculturales y epocales de este tipo de jóvenes que actualmente asiste al sistema público de educación.
Es un joven y una joven que interpela a la institucionalidad sobre las condiciones actuales en que se educan y con mayor fuerza aún, sobre sus proyectos de vida futura, donde perciben que sus altas expectivas por la vía educacional, no podrán ser satisfechas, y que la educación pública opera como reproductora de las desigualdades de origen social.
Pero junto con la demanda y propuesta hacia la institucionalidad política y del sistema educacional, también se vislumbra una interpelación generacional, de manifestar su disgusto y protesta hacia quienes deciden esas materias y han operado con una dosis demasiada alta de conformismo con lo heredado.
De allí que perfectamente los y las jóvenes estudiantes secundarios chilenos podrían cantarle a las autoridades y decididores el Cómo brillaba tu alma , del grupo musical de muchachos uruguayos «No te va a gustar», como expresión generacional en tanto «pasada de cuenta» y «llamado de atención hacia su apoltronamiento»: «Ibas a cambiar el mundo, y no cambiaste nada...».
No caben dudas que la primera batalla la han ganado por lejos los estudiantes secundarios: en cuanto al cumplimiento de la mayoría de sus demandas específicas y más concretas, usando las herramientas de movilización que mejor dominan y copando el espacio público; pero ahora vienen nuevas batallas, donde ya no juegan de local, sino que en los pasillos y vericuetos de la institucionalidad, por donde no se puede andar, sino con dificultad y cautela.
Valparaíso (Chile), 15 de junio de 2006
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