Las sociedades que se asumen democráticas deben considerar la posibilidad efectiva del desarrollo humano sustentable y, por tanto, de la preservación de la vida de las nuevas generaciones; para ello, sistemas adecuados de prevención y curación son indispensables.
Sin duda, hay que tomar en cuenta que el imaginario social sobre los jóvenes considera que gozan de buena salud y por tanto, para la sociedad en general, para los tomadores de decisión de políticas públicas e, incluso, para los propios jóvenes, la salud no constituye una prioridad explícita. Sin embargo, cada vez más la propia sociedad y particularmente hombres y mujeres jóvenes están demandando de servicios de salud tanto para la prevención, atención y curación.
Los datos referidos a egresos hospitalarios (es decir excluyen enfermedades de tipo ambulatorias) y causas de muerte presentan un panorama general de la situación de la población juvenil respecto de la salud.
Causas de Muerte
Entre las principales causas de muerte de la juventud se registran en su mayoría causas prevenibles, muchas de ellas relacionadas a razones externas y causadas por terceros. La mayoría de muertes en la juventud se registra en los varones, sobre todo las relacionadas a las agresiones, accidentes de transporte y otras causas externas. Otras de las razones de referir en las causas de muerte de los hombres jóvenes y que se encuentran entre las 10 principales muertes de los jóvenes en general, están las muertes por VIH, enfermedades del sistema nervioso y ahogamientos accidentales. La incidencia del suicidio también es mayor en los varones.
Para el caso de las mujeres, enfermedades como la neumonía, causas obstétricas y enfermedades del sistema ginecourinario constituyen las principales causas de muerte.

Fuente: Estadísticas vitales - Nacimientos y defunciones, INEC.
Año: 2002.
Medida: porcentaje.
Elaboración: SIISE-SIJOVEN
Parecería operar en la juventud y, particularmente en los hombres, aquellos criterios que “ante una vida sin emoción, no se puede perdonar una muerte sin emoción”, ya que “la muerte tiene el extraño poder de suscitar el frenesí de la vida” (Maffesoli, 2000).
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