En la
óptica de la Dirección y de los
Equipos Técnicos del Instituto Nacional
de la Juventud, la construcción institucional
y programática del INJ debería estructurarse
en torno a un “modelo” que potencie
al máximo los “espacios de oportunidad”
disponibles y las iniciativas priorizadas en las
páginas precedentes.
Una primera gran opción
a asumir, tiene que ver con los roles y funciones
a desempeñar, respondiendo pertinentemente
a la pregunta: ¿quién hace qué?.
Desde este ángulo, el INJ debiera concentrar
sus acciones en el cumplimiento de tres grandes
roles: (i) animar procesos; (ii) articular esfuerzos;
y (iii) visibilizar acciones. Dado el amplio abanico
de acciones sectoriales impulsadas por diversas
instituciones gubernamentales y de la sociedad
civil, no tendría sentido sumar una institución
más en el terreno de la ejecución
directa de acciones (no se agregaría nada
relevante), por lo que convendría centrarse
en tareas de apoyo a las diversas instituciones
que vienen ejecutando programas y proyectos sectoriales.
Desde este ángulo, tampoco
tendría sentido pretender cumplir el rol
de “rectoría” de las políticas
públicas de juventud (asignado por la Ley
Marco para el Desarrollo de la Juventud), dado
que se trata de un rol sumamente complejo y difícil
de poner en práctica, sobre todo cuando
le toca hacerlo a una institución que recién
está comenzando a operar y tiene que dar
“directivas” a instituciones sumamente
legitimadas y con más poder efectivo (como
es el caso de las diversas Secretarías
de Estado, por ejemplo). En etapas futuras, una
vez que el INJ cuente con mayores niveles de legitimidad
y reconocimiento, podría intentarse, pero
en estas primeras etapas, no parece conveniente.
Se podría argumentar,
incluso, que dicha función –en realidad-
no le corresponde a una institución como
el INJ. ¿A quién le corresponde
la rectoría de las políticas educativas
destinadas –por ejemplo- a las mujeres jóvenes
que habitan en el medio rural? ¿A la Secretaría
de Educación? ¿Al Instituto de la
Mujer? ¿A la Secretaría de Agricultura
y Ganadería? ¿Al Instituto Nacional
de la Juventud? Parece evidente que, como criterio
general, la rectoría de las políticas
sectoriales le corresponde a las secretarías
sectoriales, en tanto las instituciones transversales
(que atienden sectores poblacionales) tienen que
cumplir con roles articuladores y dinamizadores
en sus respectivas áreas de acción,
allí donde las secretarías sectoriales
no van a cumplir dichos roles en ningún
momento.
En definitiva, el INJ debiera
tratar de consolidarse como una institución
dinámica, eficaz, eficiente, pertinente
y oportuna, legitimada como el principal referente
en el dominio de las políticas públicas
de juventud, brindando servicios útiles
para todas aquellas instituciones gubernamentales
y de la sociedad civil que operan en estas esferas,
sin pretender ubicarse por encima de ellas y ofreciendo
servicios de calidad en aquellas esferas donde
su aporte no podrá ser ofrecido por ninguna
otra institución (sectorial, territorial
o funcional). Articulando y dinamizando los esfuerzos
ya existentes, y dotándolos de una mayor
visibilidad real, el INJ podrá contribuir
decididamente a la relevante tarea de mostrar
qué y cuánto se hace por las nuevas
generaciones, dándole más consistencia
a dichos esfuerzos y dotándolos de una
dinámica más articulada, potenciando
sus impactos efectivos.
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