POLITICAS PUBLICAS DE JUVENTUD EN HONDURAS
EL COMIENZO DE UNA NUEVA ERA


En la óptica de la Dirección y de los Equipos Técnicos del Instituto Nacional de la Juventud, la construcción institucional y programática del INJ debería estructurarse en torno a un “modelo” que potencie al máximo los “espacios de oportunidad” disponibles y las iniciativas priorizadas en las páginas precedentes.

Una primera gran opción a asumir, tiene que ver con los roles y funciones a desempeñar, respondiendo pertinentemente a la pregunta: ¿quién hace qué?. Desde este ángulo, el INJ debiera concentrar sus acciones en el cumplimiento de tres grandes roles: (i) animar procesos; (ii) articular esfuerzos; y (iii) visibilizar acciones. Dado el amplio abanico de acciones sectoriales impulsadas por diversas instituciones gubernamentales y de la sociedad civil, no tendría sentido sumar una institución más en el terreno de la ejecución directa de acciones (no se agregaría nada relevante), por lo que convendría centrarse en tareas de apoyo a las diversas instituciones que vienen ejecutando programas y proyectos sectoriales.

Desde este ángulo, tampoco tendría sentido pretender cumplir el rol de “rectoría” de las políticas públicas de juventud (asignado por la Ley Marco para el Desarrollo de la Juventud), dado que se trata de un rol sumamente complejo y difícil de poner en práctica, sobre todo cuando le toca hacerlo a una institución que recién está comenzando a operar y tiene que dar “directivas” a instituciones sumamente legitimadas y con más poder efectivo (como es el caso de las diversas Secretarías de Estado, por ejemplo). En etapas futuras, una vez que el INJ cuente con mayores niveles de legitimidad y reconocimiento, podría intentarse, pero en estas primeras etapas, no parece conveniente.

Se podría argumentar, incluso, que dicha función –en realidad- no le corresponde a una institución como el INJ. ¿A quién le corresponde la rectoría de las políticas educativas destinadas –por ejemplo- a las mujeres jóvenes que habitan en el medio rural? ¿A la Secretaría de Educación? ¿Al Instituto de la Mujer? ¿A la Secretaría de Agricultura y Ganadería? ¿Al Instituto Nacional de la Juventud? Parece evidente que, como criterio general, la rectoría de las políticas sectoriales le corresponde a las secretarías sectoriales, en tanto las instituciones transversales (que atienden sectores poblacionales) tienen que cumplir con roles articuladores y dinamizadores en sus respectivas áreas de acción, allí donde las secretarías sectoriales no van a cumplir dichos roles en ningún momento.

En definitiva, el INJ debiera tratar de consolidarse como una institución dinámica, eficaz, eficiente, pertinente y oportuna, legitimada como el principal referente en el dominio de las políticas públicas de juventud, brindando servicios útiles para todas aquellas instituciones gubernamentales y de la sociedad civil que operan en estas esferas, sin pretender ubicarse por encima de ellas y ofreciendo servicios de calidad en aquellas esferas donde su aporte no podrá ser ofrecido por ninguna otra institución (sectorial, territorial o funcional). Articulando y dinamizando los esfuerzos ya existentes, y dotándolos de una mayor visibilidad real, el INJ podrá contribuir decididamente a la relevante tarea de mostrar qué y cuánto se hace por las nuevas generaciones, dándole más consistencia a dichos esfuerzos y dotándolos de una dinámica más articulada, potenciando sus impactos efectivos.

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