El
gobierno encabezado por el Presidente Lagos, desde el inicio mismo
de su gestión en el 2000, volvió a cambiar sus orientaciones
predominantes, partiendo de un diagnóstico crítico
del modelo vigente hasta entonces: el INJUV –en esta óptica-
ha invertido demasiados esfuerzos en reposicionarse en el aparato
del Estado, pagando un excesivo costo medido en su distanciamiento
efectivo de los jóvenes chilenos. Por ello, prefirió
ubicar al frente del INJ (de nuevo) a un joven muy popular, de
gran capacidad de diálogo con los jóvenes, y con
fuertes vínculos con los medios masivos de comunicación,
abandonando de hecho las prioridades del enfoque anterior.
Pero
el nuevo “experimento” duró poco. A poco de
comenzar a operar, la experiencia demostró claramente que
las limitaciones del tema no estaban referidas a un problema de
“comunicación” con los jóvenes, sino
que refería a cuestiones de fondo, como las que –en
su momento- destacaron Vicente Espinoza (según destacamos
en la editorial de este informe) y otros expertos especializados
en estos temas. Por ello, lenta pero sistemáticamente,
se comenzó a recorrer un camino de retorno (en buena medida)
al modelo original (al del PROJOVEN).
En
este sentido, se trabajó intensamente en la consolidación
de varias de las herramientas con las que el INJUV se ha destacado
históricamente, como es –por ejemplo- la Encuesta
Nacional de Juventud, que se realiza regularmente y que sirve
como una gran referencia para todos los que operan –directa
e indirectamente- en el dominio de las políticas públicas
de juventud. En la misma línea (de consolidación
de una instancia institucional técnica que trabaja con
rigurosidad) se procedió al montaje del Observatorio de
la Juventud, con el que se procesan diagnósticos y evaluaciones
programáticas. La Red de Centros de Información
Juvenil, como otra herramienta fundamental, también se
ha ido consolidando, y a través de ella, el INJUV cuenta
con un gran canal de comunicación con las y los jóvenes.
Pero
la señal más clara del “retorno a los orígenes”
ha sido la decisión de volver a contar con un Programa
Integral de Desarrollo Juvenil (del estilo del PROJOVEN) adaptado
a las nuevas coordenadas de la realidad nacional a comienzos de
nuevo milenio. En tal sentido, la confección del Plan de
Acción “Chile se Compromete con los Jóvenes”,
cuya vigencia ha sido definida para el período 2004-2006,
vuelve a mostrar las potencialidades de la articulación
interinstitucional en torno a medidas concretas que cuentan con
el financiamiento correspondiente y que –por tanto- son
realizables completamente.
Como
se comenta por separado, el Plan de Acción muestra que
el Gobierno Nacional viene realizando un amplio conjunto de esfuerzos
en relación a las y los jóvenes, sobre todo en lo
que atañe a la universalización de la enseñanza
media, a la incorporación de los jóvenes al mercado
de trabajo y al acceso equitativo a servicios de salud de calidad,
que permiten afirmar que –en estos planos- se está
avanzando notoriamente, aunque ello no se haya concretado en otros
planos igualmente relevantes (participación ciudadana juvenil,
por ejemplo). En el marco de una gestión global exitosa,
el Presidente Lagos deja el gobierno con una elevada popularidad
(el 70 % de los chilenos aprueba y valora positivamente su gestión)
luego de haber ganado en segunda vuelta por un estrecho margen
electoral.

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