El
equipo técnico que tuvo que hacerse cargo del ajuste post
crisis (1997) se concentra desde un inicio en la “normalización”
del funcionamiento del Instituto, procurando adecuar la planta
de funcionarios y el esquema interno de funcionamiento a las nuevas
orientaciones predominantes. En este nuevo marco, el INJ (ahora
INJUV) tiende a recuperar sus roles originales (establecidos en
la ley que le dio origen) tratando de asumir –más
radicalmente- su función de asesor del Estado en materia
de juventud, y de orientador general del conjunto de la política
pública referida a los jóvenes, alejándose
decididamente de la ejecución directa de programas y proyectos
específicos.
Para
ello, se postula que el Instituto no necesita contar con promotores
juveniles, y que por el contrario, necesita contar con técnicos
rigurosamente formados en el diseño, el monitoreo y la
evaluación de políticas públicas. En la misma
línea, se postula que el INJUV debe estar bien posicionado
en la estructura institucional de todos los poderes del Estado,
contando con nexos fluidos con cada una de las Secretarías
de Estado, con el Parlamento y con la Justicia, contando a su
vez y prioritariamente con capacidades para lograr que los jóvenes
estuvieran adecuadamente priorizados en las asignaciones presupuestales
del Ministerio de Hacienda, y presentes –con enfoques precisos
y pertinentes- en la estrategia comunicacional del gobierno.
En
este nuevo esquema, el INJUV debiera contar con la mejor y más
completa información y conocimiento sobre los jóvenes
y su realidad, un sistema integrado de evaluación de programas
públicos relacionados con los jóvenes, un vínculo
expedito con el área de comunicaciones del gobierno y con
el parlamento, y equipos técnicos y humanos del más
alto nivel y con la más alta motivación para encarar
sus tareas.
En
el centro de este nuevo enfoque figuran dos variantes fundamentales
respecto a los anteriormente dominantes: por un lado, diagnósticos
más precisos, que no ven a los jóvenes como una
“amenaza” o un “problema” y que los visualizan
como “ciudadanos” con derechos y deberes propios,
y por otro, una concepción de las políticas públicas
que apuesta decididamente a la eficiencia, la eficacia, la transparencia
y la pertinencia de la gestión (en consonancia con los
enfoques que promueven la modernización del Estado a todos
los niveles) que exige una clara distribución de roles
y funciones entre las diferentes instituciones operantes en un
mismo dominio.
En
todo caso, el enfoque asumido requiere de la existencia de un
entorno favorable para su desarrollo, en especial en lo que atañe
a la verdadera disposición de las diversas instituciones
públicas ligadas con la temática juvenil, a coordinar
efectivamente sus acciones, a los efectos de potenciar al máximo
los impactos del conjunto en los destinatarios naturales de sus
esfuerzos, es decir, los jóvenes como tal. Y esto, como
se sabe, es más fácil de enunciar que de asumir
efectivamente, con lo cual, para mostrar impactos efectivos, se
requiere siempre más tiempo del que se dispone efectivamente.
Allí, posiblemente, radicó el principal problema
en esta etapa, y la evolución más recientes de las
políticas públicas, parece mostrar que el tiempo
disponible, se acabó con la instalación del nuevo
gobierno en el año 2000.

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