Aunque todavía es incierto como terminará el proceso de elección del nuevo Presidente de la República, en México se está cerrando un nuevo sexenio de gobierno, el primero encabezado por el Partido de Acción Nacional (PAN), luego de 70 años de gobiernos encabezados por el Partido Revolucionario Institucional (PRI). El escenario actual, además, muestra la presencia creciente en la dinámica política del Partido de la Revolución Democrática (PRD), que está exigiendo el recuento “voto por voto y casilla por casilla”, a partir de la impugnación de los resultados de las elecciones difundidos oficialmente.
Más allá de las múltiples evaluaciones que se vienen realizando en las diversas esferas de la gestión del gobierno encabezado por el Presidente Vicente Fox, el Portal de Juventud ha considerado pertinente realizar una evaluación de este sexenio en lo que tiene que ver con la gestión en el terreno de las políticas públicas de juventud, y para ello, ha solicitado la colaboración del Centro de Investigaciones y Estudios sobre Juventud (CIEJ) del Instituto Mexicano de la Juventud (IMJ), obteniendo la más amplia y generosa receptividad, de parte de su Director, el Maestro José Antonio Pérez Islas, y de su calificado Equipo Técnico.
Sobre esta base, ofrecemos en esta entrega especial de “País del Mes”, una reseña general (inevitablemente incompleta) de lo que ha sido la dinámica de las políticas públicas de juventud en este sexenio, haciendo la salvedad de que la evaluación sistemática de la misma está siendo encarada –precisamente en estos momentos- por parte de los técnicos del CIEJ, por lo que seguramente en los próximos meses volveremos sobre el tema.
Así, en las páginas que siguen ofrecemos una reseña de los principales avances concretados en relación al diseño y la implementación del Programa Nacional de Juventud 2002-2006 (PROJUVENTUD), así como un detalle de las investigaciones y estudios realizados en el período (destacando la Encuesta Nacional de Juventud 2005), junto a una descripción de lo que han sido los avances concretados en las diferentes áreas temáticas prioritarias en estos dominios: educación, empleo, salud, participación, etc.
El balance general ofrece –como en casi todos los casos analizados hasta el momento- luces y sombras simultáneamente. Si bien se ha avanzado notoriamente en lo que hace a la generación y difusión de conocimientos y en algunas políticas sectoriales, al mismo tiempo se han notado avances apenas perceptibles (o directamente estancamiento y hasta ciertos retrocesos) en otras áreas programáticas y –fundamentalmente- en lo que atañe al mantenimiento de la sectorialidad de las políticas públicas, que no han cedido terreno a los intentos de articulación y de integralidad que se han impulsado en el período.
Como siempre, esperamos los comentarios del caso, para seguir mejorando la percepción y la presentación de esta fecunda experiencia nacional.
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