Nicaragua está a punto de
comenzar una nueva campaña electoral, que deberá culminar con la elección de un nuevo elenco gubernamental a fines de año. A las dos fuerzas políticas tradicionales (el FSLN y el PLC) que protagonizaron las últimas contiendas electorales, se han sumado ahora dos nuevas fuerzas, que en realidad son escisiones de dichos partidos. Por ello, la próxima será una elección entre cuatro grandes “ofertas” programáticas, y resulta muy difícil –a esta altura del proceso- formular pronósticos sobre eventuales resultados. En todo caso, es dable esperar que ninguna de las cuatro propuestas logre la mayoría necesaria en primera vuelta, con lo cual se iría a una segunda vuelta electoral, para saber finalmente- quien gobernará el país durante el siguiente período. Por lo dicho, este 2006 puede ser una gran oportunidad para re-discutir los grandes problemas nacionales y para formular propuestas de solución que puedan –eventualmente- incorporarse a la “agenda” política y electoral actualmente en construcción. En dicho marco, diversas instituciones públicas y privadas vinculadas a la dinámica de las políticas públicas de juventud están preparándose para impulsar acciones que permitan posicionar más y mejor estos temas en dicha agenda. Es de esperar que se logren las aperturas necesarias (evitando que la campaña electoral se transforme en un simple intercambio de agravios entre candidatos) y que este año no se transforme en otra oportunidad perdida. Las políticas públicas de juventud han tenido en los últimos años, un importante desarrollo, al menos en el terreno de las definiciones y los acuerdos correspondientes. Así lo demuestran, la aprobación entre 2001 y 2003 de la Ley de Juventud, la Política Nacional de Juventud y el correspondiente Plan de Acción de carácter decenal (2005-2015), así como el diseño y la implementación –más recientemente- de algunos programas sectoriales relevantes (como el Programa de Educación para la Vida del Ministerio de Educación y el Programa de Seguridad Ciudadana que cuenta con el respaldo del BID) que van a incidir en el mejoramiento de las condiciones de vida de las y los jóvenes nicaragüenses. Esta entrega de “país del mes” pretende brindar algunos elementos de juicio que ayuden a caracterizar y comprender las principales aristas de este fecundo proceso que –como todos- tiene luces y sombras a destacar y ponderar con el máximo de objetividad y rigurosidad. Esperamos que –sobre todo- los no nicaragüenses puedan hacerse una precisa composición de lugar al respecto, y que sobre esta base podamos impulsar algunos diálogos a la distancia (las nuevas tecnologías de la información y la comunicación facilitan estas iniciativas) que permitan tender puentes entre quienes trabajan en estos dominios en la región, a los efectos de intercambiar experiencias y puntos de vistas, que redunden en un enriquecimiento colectivo para seguir avanzando en el futuro. Como siempre, pedimos a nuestros lectores sus opiniones y sugerencias, para enriquecer esta primera presentación del tema.

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