El mundo tiene ADD 24/10/06
Por Oscar
Taffetani
(APE).- Hay un listado de drogas de alta vigilancia
cuya importación está sujeta a cupos que fija la Junta Internacional de
Fiscalización de Estupefacientes de las Naciones Unidas (JIFE). Dentro
de esas drogas -psicotrópicas todas- ganó especial relevancia últimamente
el metilfenidato, utilizada para combatir uno de los males de
moda: el Trastorno por Déficit de Atención ó Trastorno por
Déficit de Atención e Hiperactividad (ADD ó ADHD, por sus siglas en
inglés). La facturación de los laboratorios radicados en la Argentina
por medicamentos que contienen metilfenidato creció un 10% entre 2001 y
2004. Debido a eso, la ANMAT, dependiente del Ministerio de Salud
nacional, solicitó a la JIFE un aumento del cupo, no sin antes establecer
-mediante Resolución 7908/04- que debían mejorarse los prospectos de los
medicamentos, advirtiendo sobre su potencialidad adictiva y sus efectos
colaterales. En 2005, la facturación de los citados laboratorios por
medicamentos con metilfenidato y atomoxetina -dos antidepresivos recetados
a niños con diagnóstico de ADD y ADHD- pasó de $ 100.678.000 a $
153.581.000, es decir, aumentó en más de un 50%. Consecuentemente, los
empresarios farmacéuticos han pedido que se aumente en un 40% el cupo de
importación del metilfemidato. El manejo es exactamente el que
haría una importadora de alimentos o bebidas con un mercado que crece,
sólo que aquí se trata de drogas cuyo destinatario principal son los
niños. “En los últimos tiempos -manifestó al diario Página/12
la psicopedagoga porteña Gabriela Dueñas- observamos asombrados un
incremento increíble de diagnósticos rápidos, cada uno de los
cuales viene acompañado con su respectiva etiqueta y su sigla: tenemos así
las aulas pobladas con chicos con ADD/ADHD, TEA, TOC, ODD y por qué no
algunos TGD..." TEA significa Trastorno Específico de
Aprendizaje; TOC, Trastorno Obsesivo Compulsivo; ODD,
Trastorno Oposicionista Desafiante; TGD, Trastornos
Generalizados del Desarrollo. Podríamos jugar y divertirnos con las
siglas, como si se trataran cubos o naipes para armar un castillo
absurdo. Pero no lo hacemos, porque atisbamos que tras una jerga
supuestamente científica e inocua se oculta un infame tráfico de drogas,
cuyos clientes al menudeo vendrían a ser los padres y maestros que
descansan en un diagnóstico rápido de ADD, pero cuyas víctimas principales
son, como ya dijimos, los niños.
La campanada inglesa
Se publicó la semana pasada en The Daily
Telegraph, de Londres, una solicitada firmada por 110 maestros,
psicopedagogos y autores de literatura infantil y juvenil. El título es
estremecedor: "Asesinato de la infancia" "Estamos profundamente
preocupados por el creciente número de casos de depresión infantil,
problemas de conducta y enfermedades del desarrollo -dicen los firmantes
de la solicitada- y estamos persuadidos de que esto se debe a la
ignorancia tanto por parte de los políticos como del público en general de
las realidades y sutilezas del desarrollo infantil. "Dado que los
cerebros de los niños están todavía en desarrollo, ellos no pueden
ajustarse, como los adultos, a los cada vez más rápidos cambios
tecnológicos y culturales. Los chicos necesitan lo que todo ser humano en
crecimiento requiere: comida fresca y poco procesada, en lugar de comida
chatarra; juegos concretos y no entretenimientos sedentarios frente a una
pantalla; experiencias de primera mano del mundo en el que viven y
relaciones con adultos de piel y hueso, no virtuales. "También
necesitan tiempo. En una veloz y ultracompetitiva cultura como la nuestra
se espera que los chicos ingresen en la escuela a una edad cada vez más
temprana y que pasen por una batería de exámenes desde el nivel primario.
Las fuerzas del mercado los empujan, además, a actuar y vestir como
miniadultos y los exponen mediante la vía electrónica a contenidos que
hasta hace poco se habría considerado inaceptables..." ¿Qué es lo que
han detectado en Inglaterra? Algo que intuimos en cualquier otra parte del
mundo globalizado: que un impiadoso marketing al servicio de la
gran industria somete cada vez más a los niños de las ciudades a una
adultización que no es maduración, descargando sobre
ellos una batería de estímulos que su desarrollo biológico y cognitivo no
les permite asimilar ni ordenar. El resultado -en Londres, en México,
en Buenos Aires- es el "niño que hace zapping" o bien ese
"niño que se cuelga" (para decirlo en argot informático). Lo grave
es que sus padres y maestros utilicen el “diagnóstico rápido” para sacarse
al niño de encima, excluyéndolo sin más trámite del circuito educativo
normal. Y más grave aún -como reseñábamos al principio- es que ciertos
malos médicos que funcionan como prolongación de los intereses de los
laboratorios, prescriban metilfemidato como solución práctica
para atenuar los efectos del ADD. Que quede claro: no estamos poniendo
en duda la existencia del ADD -un mal detectado y llamado de distinta
manera, desde hace siglos-, ni los avances científicos en su conocimiento.
Sólo estamos denunciando -perdón si no encontramos mejores palabras- lo
que es un infame tráfico de drogas con la infancia.
El trastorno en padres y docentes
Organizaciones profesionales y gubernamentales de los
Estados Unidos advierten a la población sobre los riesgos del diagnóstico
rápido de ADD. Tal vez ciertos padres y educadores argentinos,
hiperkinéticos a la hora de encontrar explicaciones,
inestables en el diálogo con sus niños, dispersos en sus
múltiples ocupaciones, debieran tomar nota de estas sencillas
observaciones que hacen los especialistas: "Una gran parte del
comportamiento que caracteriza a los niños que sufren de ADD también puede
atribuirse a los niños que no sufren de ADD...” “Aunque niños muy
pequeños puedan mostrar características de ADD, algunos de estos
comportamientos son normales por su edad...” “Los niños más grandes
pueden mostrar tipos de comportamiento similares al ADD como resultado de
otros factores, incluyendo influencias ambientales..." Padres y
docentes deben estar atentos, a ver si no son ellos mismos quienes
presentan síntomas de ADD a la hora de mirar a los ojos a un chico con
hambre, un chico que ha sido maltratado, un chico con dificultades para
responder o para concentrarse. Detrás de un TEA, un TOC, un ODD o un
TGD; detrás de un ADD y un ADHD -reales o presuntos- puede haber un niño,
nada más ni nada menos que un niño, intentando
comunicarse. |