Los chicos del frío 07/08/06
Por Sandra Russo
(APE).- El 3 de agosto el frío taladraba la noche de
Ushuaia. En la calle Primer Argentino, del barrio Colombo, en una casilla
precaria, dormían dos niños, dos primos, de 8 y 10 años. Estaban solos.
La información se limita al reporte de los hechos, no hurga en la
historia de esos dos chicos. No se sabe quiénes los había dejado solos, ni
por qué. Acaso por eso pareciera que todos los inviernos la misma
información se repite. Una información seca, dura, que da el parte sobre
algún incendio que en algún sitio del país mató a dos, a tres, a cuatro
niños. Niños que dormían solos. En general después se sabe que los padres
habían ido a trabajar, y en esos barrios el trabajo no se elige. Como para
elegir trabajo.
El 3 de agosto, en plena madrugada, el fuego provocado por el estallido
de una garrafa de gas hizo que la historia que ignoramos de esos dos
chicos llegara a su fin. Murieron calcinados por las llamas que se
descontrolaron y destruyeron su propia casilla y la lindera.
Los bomberos llegaron inmediatamente, pero fue inútil. La casilla ya
ardía, con los niños adentro, cuyos cuerpos ennegrecidos fueron hallados
juntos, en una habitación, ambos en posición fetal.
El hecho de que esta información se repita cada invierno es algo así
como una prueba de que hay niños que están expuestos a esta ruleta rusa.
Cuando llega, el frío agrega a las causas de muerte infantil el
calcinamiento. Y algo que cada año se repite también en los cables de
noticias, es que los niños que corren más peligro en invierno siempre,
indefectiblemente, no son los niños que viven en una casa, sino los que
viven en una casilla. Esa degeneración de esa palabra, ese estado de
precariedad y pobreza que encierra en cada uno de sus sonidos la palabra
“casilla”, explica perfectamente que el frío acecha a los chicos pobres.
Fuentes
de datos: Diario La Voz del Interior - Córdoba
04-08-06 |